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  • Género: Narrativa
  • 130 páginas
  • Año de Edición2013 | idioma: Español
  • ISBN: 978-987-29415-1-2

Reseña

Los relatos de Vanesa Gómez se abren camino en una zona gris, imprecisa, situada entre lo soñado, lo imaginado y una realidad que, aún tamizada por los códigos de lo fantástico, no deja de presentarse descarnada, brutal, inquietante.

Niños y ancianos, jóvenes y adultos, parejas en conflicto se mueven en escenarios oníricos que a veces remiten a zonas rurales, y otras a barrios con calles todavía cercadas por zanjas. Así, los personajes se entremezclan y confunden en historias en las que el amor, la crueldad, el desencanto, la ingenuidad y la pérdida de la inocencia se conjugan de una manera que, como lo sublime, nos aterra y, al mismo tiempo, no nos permite apartar la mirada.

Prologo del libro Sirena entre los Dedos

[Fragmento]

Ahora acabamos de desembarcar. Hemos vuelto de un paseo de cabotaje a lo largo de un río profundo, por momentos calmo y luminoso, por momentos oscuro y revuelto, en la embarcación de Vanesa Gómez.

Auténtica si las hay. Inimitable. La distinguiríamos entre muchas otras atracadas en el embarcadero. Autenticidad rastreada por el camino de lo entrañable y lo profundo, lo tortuoso y lo contradictorio.

Hay tironeo y entrelazado de sentimientos y sensaciones. Atmósferas opresivas y envolventes. Situaciones más que argumentos. No se ha buscado la anécdota, y sin embargo en estas situaciones sin cierres elaborados encontramos esas “tranches de vie”, esos “trozos de vida” que caracterizan al relato contemporáneo, impregnados en ciertos tramos por un exacerbado feísmo trabajado con materiales descartables y personajes marginales, detrás de cuyos delirios se percibe siempre la lucidez del narrador manejando gestos y actitudes, escrupulosa cámara en mano, en primeros planos dinámicos y expresivos. “Ya su mano en mi mano. Nada de luna. Ninguna estrella. Los piecitos diminutos. Las respiraciones aceleradas. La pesada noche cayendo. Sonrisas y pelo negro, olor a pis y a vino. A transpiración y a mierda. Y un último esfuerzo de las piernas de Tincho para doblar en la esquina, mientras que una manito áspera se desliza sobre mi brazo.” (La cortada)

[...]

Nunca embellecida o idealizada esa naturaleza. Por el contrario. Hay un gusto por lo cómico, lo deforme o esperpéntico. Las imágenes desplegadas podrían remitirnos a las pinturas de Bosch, o Brueghel, o Marc Chagall. (4) “Me repugna verla eructar. Me repugna pensar, soñar y recordar cómo eructa. Siento unas cosquillas subiéndome desde el pupo hacia la garganta. En fila (como hormiguitas rojas) hacia mi boca. Contengo la respiración para no oler el matecocido ni las tortafritas. Cierro los ojos. Hago un gesto con la boca y la nariz y bajo la cabeza para que ella no descubra el asco que me produce, porque si lo descubre es capaz de eructarme en la cara y si me eructa en la cara, voy a vomitar.” (Mejores amigas)

También el material formal es trabajado con el propósito evidente de que se vea afeado o desvalorizado. Intuimos que se está buscando belleza. No una belleza convencional.

Se la está buscando como quien busca un diamante en un tacho de basura. El tacho permanece como recipiente o como telón de fondo, pero siempre el lector será capaz de percibir intermitentes destellos de algún diamante sostenido con delicadeza, sin voluntad de alarde, entre los dedos del narrador. “Anochecía. No sé. Supongo, por la hora. En invierno siempre oscurece más temprano. Además, el invierno está mucho más cerca del cuerpo que cualquier otra estación. Me hubiese gustado sentarme junto a una ventana para ver si realmente anochecía, es decir, si realmente se veía el invierno. O no.” (Fotocopias a color)

[...]

No, no nos sentiremos defraudados después de este viaje. Creo que más bien vamos a experimentar la suficiente incomodidad como para querer volver a subir a la singular embarcación de Vanesa Gómez y recorrer los mismos lugares, justamente para encontrar, en cada recorrido, nuevas sensaciones.

Acerca del Autor

Vanesa Gómez

 

 

…Vanesa Gómez nació en Rosario en 1986, ciudad donde vive. Entre otras distinciones, en el año 2011 recibió el primer premio en el concurso de poesía “Adolfo Bioy Casares” organizado por la ciudad de Las Flores, con su obra titulada Saudade.
El libro se publicó en 2012 con el seudónimo Van Cez. El mismo año recibió el primer premio de poesía en el concurso “Los poetas del encuentro”. Cuenta, además, con menciones en varios concursos literarios nacionales. 

 

 

 

 

 

Entrevista

Fragmentos

Sirena entre los dedos [Fragmento]
"Vos me mirás y sonreís. Sé que debajo de aquellas sonrisas (con lunares y pecas) quizá estés vos. No sé bien qué sos vos, pero tengo la certeza, que no es más que un estorbo o una peluca (o un disfraz)
Yo también me escondo. Si existo (se lo que fuera que soy), también me encuentro debajo o detrás de un montón de gestos y sonrisas y palabras y ropa. Después de todo, ¿qué soy yo?"

Mejores amigas [Fragmento]
Hay sillas rotas, antiguas. Gatos y perros echados debajo de las sillas. Sentate, dice mamá y me siento a esperar mi turno. A veces mamá se sienta también. Huelo el pelo de los animales. Y siento otra vez el asco en la garganta, pero me contengo. La salita es oscura. Hay, frente a mi, en la pared, un cuadro torcido con la fotografía amarillenta de un hombre vestido de militar. Si me acerco puedo ver los bichitos de la humedad caminando por la cara, sobre los bigotes del ¿padre hermano esposo? de doña Negrita. En la otra pared hay un cuadro de Jesucristo. Una estatuilla de la Virgen me mira sobre la mesita redonda: está rodeada de otras imágenes de ángeles y estampillas de santos. Un rosario cuelga sobre el cuello de la Virgen y se enrosca en su cuerpo. Veo la canasta de mimbre con algunos billetes y monedas. Algunos perros viejos ladran despaciosamente, sin ganas. Ladran por ladrar nomás, por ser perros (para recordar que lo son).

Prensa

Desde los márgenes de la realidad. Rosario 12, Febrero 2014

Sirena entre los dedos reúne diecinueve cuentos que transitan sin fisuras un cruce de estilos entre un realismo duro con personajes marginales y un realismo fantástico, evocador del desamparo y el delirio de la niñez, donde esos mismos personajes o bien abren líneas de fuga hacia otros universos, o bien mediante un leve corrimiento del encuadre narrativo dejan ver de golpe cómo lo que parecía una cotidianeidad normal (la salida dominguera de una familia en “Días domingo”) resulta estar constituido por el horror. O viceversa. En algunos casos estos giros suceden más de una vez en un mismo cuento, como en “El chancho con rulos”, donde el desciframiento de un acertijo en forma de animal, lejos de estabilizar y tranquilizar, abre dudas respecto de a qué categoría pertenece el ser que contempla a la extraña criatura.

 

 

Entre lo onírico y lo real. Rosario Spina, Diario “La Capital”, Rosario, febrero 2014

A partir de lo onírico y de lo inconsciente Sirena entre los dedos, de Vanesa Gómez, pone a dialogar recuerdos de infancia, historias escuchadas y elementos fantásticos que irrumpen y hacen tambalear al lector por lo brutal y sugerente de sus imágenes.